"A pesar de todo, regresaba tranquilo. Tenía motivos para sentirse abatido pero, contra todo lo esperado, una extraña serenidad inundaba su rostro, y a sus ojos asomaba un no sé qué, semejante a la paz de un sueño alcanzado o de un amanecer definitivo."
Amanece la libertad, Capitulo Primero - El Hermano de Asís.
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